Toda mi experiencia con la dejada de fumar.

¿Por qué se gana peso?

En primer lugar y debido a que ya no recibe la nicotina del tabaco, al dejar de fumar el organismo segrega menos adrenalina. Al descender sus cantidades, se reduce la glucemia, hecho que aminora el gasto calórico, y disminuye la lipólisis o destrucción de la grasa. Pero, además, “la nicotina consumida a través de los cigarrillos provoca que la velocidad de nuestro metabolismo sea más rápida y, por tanto, al dejar de fumar se vuelve más lenta, lo que significa que los alimentos consumidos no se convierten en energía tan rápidamente como antes”, asegura la doctora Govantes. “Se puede ganar desde muy poco o nada hasta diez kilos, incluso más”, señala Pilar Govantes.

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La comida se convierte, tras el estudio, en una aliada para quien desea dejar de fumar, y no en una excusa para no hacerlo. Si, finalmente, se combina con una terapia de sustitución de la nicotina y con ejercicio continuado, el cese del hábito no debería ser, al fin, un proceso tan difícil de conseguir.

El tabaco, asociado tantas veces con nuestros hábitos alimentarios (desayunarse con un cigarrillo, fumar después de comer para hacer la digestión, un “buen” pitillo para aliviar el hambre, etc.), es también un potente tóxico que impide a nuestro cuerpo asimilar muchas sustancias alimenticias indispensables para su buen funcionamiento. Por ello, el primer cuidado del fumador debe pasar por una alimentación adecuada, que a la vez que reemplace esos “cigarrillos-comida”, permita a su organismo reponer los nutrientes que destruye el tabaco, y le proporcione alimentos que a la vez que nutritivos propicien la depuración del cuerpo y sean elementos que ayuden a prevenir la aparición de muchas de las enfermedades que el tabaco origina.

Existen otras razones. “Ante la ansiedad por no poder fumar, aparece un efecto sustitutivo y cambiamos el tabaco por la comida”, comenta Pilar Govantes. En especial aumentamos el consumo de dulces porque su ingesta produce bienestar y ayuda a calmar los nervios. Por otro lado, no hay que olvidar que dejar de fumar supone una recuperación de sentidos como el gusto y el olfato, lo que implica que la comida sea más apetecible.

Atención a las vitaminas

Si has tomado la decisión de cortar con el tabaco, debes estar atento a tu dieta. Durante las primeras semanas conviene “potenciar el consumo de alimentos ricos en vitaminas A y C”, aconseja la doctora Govantes. Contienen buenas cantidades de la primera el bonito, las espinacas o las zanahorias. Respecto a los que poseen altas concentraciones de vitamina C, además de los cítricos, encontramos los kiwis, y hortalizas como el tomate y los pimientos. Esta vitamina tiene un alto poder antioxidante y depurativo. E incorpora alimentos ricos en vitaminas del grupo B, que aceleran la eliminación de la nicotina, como el germen de trigo y la levadura de cerveza, y recurre a productos ricos en fibra para estimular el tránsito intestinal, que, al principio de dejar el tabaco, se ralentiza.

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Las claves de la dieta

Tendrás que modificar algunos hábitos alimenticios. Como indica Pilar Govantes, “es aconsejable aumentar el consumo de hidratos de carbono complejos, como cereales y pan integral, así como ensaladas variadas y frutas frescas y secas”.

Sin embargo, un estudio ha demostrado la ya existente noción de que una alimentación sana puede no solo minimizar este aumento de peso al ser más saludable, sino que además puede facilitar el abandono del hábito. Según la Universidad Duke de Carolina del Norte (EEUU), que ha llevado a cabo la investigación, hay alimentos que empeoran el sabor del cigarrillo, como las frutas, las hortalizas o los productos lácteos. Por el contrario, consumir abundante carne, alcohol o café produce el efecto contrario, ya que realza su sabor, haciendo más atractivo el hábito de fumar. El estudio demuestra, pues, que el hábito de fumar parece estar reforzado por el consumo habitual de ciertos alimentos que potencian su sabor.

Y comer poco y a menudo. “No deben pasar más de tres horas sin ingerir alimentos y tomar al menos dos litros diarios de agua”, aconseja la experta, quien recuerda que “no hay que abusar de los condimentos, en concreto de la sal. Los fumadores sazonan más la comida y hay que recordar que la sal fomenta la retención de líquidos”. Y esto contribuye a que la sensación de estar ganando peso tras dejar el tabaco sea todavía mayor.

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